26 AÑOS DESDE LA CONFERENCIA DE LA MUJER DE BEIJING: HISTORIA, AVANCES Y DESAFÍOS

Con 12 compromisos que abarcan desde la economía hasta los conflictos armados, la Conferencia de Beijing sigue marcando la ruta del trabajo por los derechos de las mujeres.

 

En septiembre de 1995, la Organización de las Naciones Unidas desarrolló la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer. La instancia congregó alrededor 17.000 participantes y 30.000 activistas que generaron los compromisos que hasta ahora marcan la lucha por la igualdad de género.

La llamada Conferencia de Beijing estuvo precedida por las realizadas en Ciudad de México (1975), Copenhague (1980) y Nairobi (1985) y su plataforma de acción fue ratificada unánimemente por 189 países, incluido Chile.

Este 2021, a 26 años de este hito, resulta importante conocer cómo Latinoamérica contribuyó a dicho trabajo, cuáles han sido algunos de los avances alcanzados y también aquellas deudas en el ámbito nacional, actualmente marcado por las movilizaciones sociales.

La investigación pionera

Esta parte del continente se preparó para Beijing durante la sexta Conferencia Regional sobre la Integración de la Mujer en el Desarrollo Económico y Social de América Latina y el Caribe, conocida como la Conferencia de Mar del Plata (1994). Allí fue fundamental la información proporcionada por la investigación “Mujeres Latinoamericanas en Cifras”, de la cual fue parte Teresa Valdés, destacada socióloga feminista y coordinadora del Observatorio Género y Equidad, organización parte de Juntas en Acción.

Fotografía Teresa Valdés (der) junto a Gina Vargas (izq.) cofundadora del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, en la Carpa de la Diversidad (carpa de América Latina y el Caribe). Beijing, 1995.

“Fue el primer diagnóstico comparado de cifras de hombres y mujeres de todos los países de América Latina. Prácticamente ninguno tenía un diagnóstico con el cual presentarse e ir a la conferencia de Beijing. Entonces para muchos países fue su informe oficial (…) Es la primera visión completa de la situación de las mujeres en comparación con los hombres y, sobre todo, con una idea que es muy importante, que es cómo los datos y los indicadores de género son un discurso político que está mostrando que no es sólo una idea de que hay discriminación, si no que ahí están los datos exactos”, enfatizó Valdés.

Aquel estudio, realizado por un grupo pequeño de investigadoras, con pocos recursos asignados y las dificultades propias de los países del continente durante los años noventa, llevó a hasta Beijing un panorama exhaustivo de la realidad de las mujeres latinoamericanas y lo plasmó en los compromisos de la conferencia.

Los avances y las deudas pendientes

Fueron doce los ámbitos en los que los países firmantes de Beijing 1995 pactaron a trabajar y generar políticas públicas: pobreza, educación y capacitación, violencia, salud, economía, conflictos armados, poder y toma de decisiones, mecanismos institucionales, derechos humanos, medios de comunicación, medio ambiente, y las niñas.

Según manifiesta ONU Mujeres, si bien las evaluaciones quinquenales han dado cuenta de avances, estos han sido extremadamente lentos. La violencia sigue presente en la esfera privada y pública y ningún país firmante puede sostener que ha alcanzado la igualdad de género.

Respecto a los avances desde Beijing 1995, Teresa Valdés manifiesta que uno de ellos fue la transversalización del género, traducida en la creación de oficinas, secretarías o ministerios de las mujeres, en países donde no existían aún.

“Se instaló la necesidad de tener políticas públicas transversales para incorporar género en el conjunto. También está la parte complementaria, que resulta cuando trabajas en el empoderamiento de las mujeres. Yo te diría que eso no fue tan impulsado porque la relación con las organizaciones de mujeres, con el movimiento de mujeres ha sido de idas y venidas. Nosotras hemos asumido un rol de control ciudadano y eso no siempre a las autoridades les gusta”.

Ligado a lo anterior, Valdés especifica que una de las fallas en el caso de Chile es el no establecer indicadores que sirvan para medir el impacto real de las políticas y leyes implementadas. “Chile puede mostrar muchos avances en términos de cambios legislativos y grandes programas, pero en la plataforma de acción no pone metas (…) en el fondo uno tiene que empezar a mirar cómo vamos avanzando respecto de lo que sería la igualdad y la no discriminación”, sostuvo.

Así, a 26 años de lo que ha sido descrito como el plan más progresista que jamás ha existido para promover los derechos de la mujer, la meta sigue lejana. Sin embargo, el trabajo del movimiento feminista y de mujeres sigue cumpliendo un rol fundamental e incansable de investigación, exigencia e incidencia para cumplimiento de los compromisos acordados.

LEE AQUÍ LA DECLARACIÓN Y PLATAFORMA DE ACCIÓN DE BEIJING:

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