MUJERES EN LA CIENCIA: LARGO CAMINO A LA IGUALDAD

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En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, explicamos las discriminaciones y barreras que tienen que enfrentar diariamente las estudiantes y profesionales de la ciencia.

El 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, instituido en 2015 por Naciones Unidas con el objetivo de lograr el acceso y la participación plena y equitativa en la ciencia, y para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas.

Históricamente, las mujeres han sido discriminadas en diversos ámbitos, la educación y la ciencia entre ellos. Eloísa Díaz fue la primera mujer en Chile y en América del Sur en titularse de Médica Cirujana, en 1887. Una semana después la seguiría la también chilena Ernestina Pérez.

Eloísa entró a la Universidad de Chile en 1881, pocos años después de que se aprobara el Decreto Amunátegui (1877) que autorizó a las mujeres a ingresar a la universidad. Una vez dentro, tuvo que enfrentar y derribar muchos prejuicios y barreras que se le impusieron sólo por el hecho de ser mujer. Un ejemplo de lo anterior es que tenía que asistir a clases acompañada de su madre.

Si bien es cierto muchas barreras se han derribado, la participación de las mujeres en la ciencia sigue sin ser igualitaria. Una de las primeras barreras que se observa es el sexismo en la educación, que tiende a asociar las carreras científicas a lo masculino, generando estereotipos que alejan a las niñas y jóvenes de la ciencia. Prueba de esto es que la matrícula universitaria de mujeres en carreras científicas es menor al 30%, porcentaje que no ha variado en la última década.

La situación no mejora en el trabajo: en Chile, el 37% de las personas que trabajan en ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas y medicina (STEMM) son mujeres y, según un estudio de la Universidad de Melbourne, faltarían 78 años para alcanzar la paridad en la materia. Además, la brecha se agranda a medida que se avanza la carrera académica.

Esto, además de ser discriminatorio para las mujeres, va también en detrimento de la ciencia. “Cuando la ciencia y la innovación se hacen en un grupo muy homogéneo, las soluciones que se obtienen son similares. No podemos obtener respuestas diversas, realmente innovadoras, sino escuchamos al otro 50%”, explica Adriana Bastías, presidenta de la Red de Investigadoras, organización cuyo objetivo es visibilizar y terminar con las brechas de género en la academia.

En la misma línea, Marisol Alarcón, fundadora de Laboratoria, startup social que forma a mujeres y organizaciones en el área tecnológica, explica que “es importante incluir a mujeres en tecnología porque tradicionalmente se han creado los productos y servicios por y para hombres. El problema no es que sean malos, sino que hacen cosas pensadas para ellos, sin la experiencia de vida de las mujeres. Por eso es fundamental incluir a las mujeres para ampliar el espectro, para contar con perspectivas distintas, innovadoras”.

Más mujeres y mejores condiciones

Según la encuesta “Realidad nacional en formación y promoción de mujeres científicas en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas”, un 54% de las mujeres directivas ha recibido “piropos” de connotación sexual, versus sólo el 11% de los hombres. Además, esa misma encuesta determinó que las mujeres científicas están expuestas a acoso emocional por motivos de género y a acoso sexual, que se suma al miedo a denunciar por represalias al interior de la propia comunidad científica.

Adriana Bastías, presidenta de la Red de Investigadoras, explica que “se ha incentivado que más mujeres entren en las ciencias, pero no solamente se necesitan más mujeres en ciencias, sino lugares seguros y propicios para que ellas puedan desarrollarse”. Algo en lo que concuerda María José Guerrero, presidenta del Observatorio contra el Acoso Chile: “Al momento de valorizar la presencia de niñas y mujeres en las ciencias y la tecnología es importante no sólo mirar el número, sino la calidad de esos espacios, que efectivamente sean espacios seguros para ellas”.

En este sentido, el 24 de enero junto a la nueva Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID, sucesora de Conicyt), se presentó una Hoja de Ruta para la Construcción de la Política de Género en Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. Allí se definen principios, ejes de acción y medidas inmediatas y graduales. También se anunció la presentación de una Agenda de Equidad de Género para el sistema científico.

Para Adriana Bastías es importante que “las políticas de género sean intersectoriales. No solamente debe involucrarse el Ministerio de Ciencias, sino también el Ministerio de Educación, de Energía, de Salud, etc. No bastan políticas y medidas parcializadas, estas deben ser intersectoriales y transversales porque si no se pierden”.

El Observatorio contra el Acoso Chile refuerza la idea de que el enfoque debe ser integral. “Cuando mujeres se desarrollan en ambientes tradicionalmente masculinos, la cultura empieza a operar para sacarlas de ahí. Es el caso de las violencias y acosos sexuales que sufren las mujeres en los espacios laborales, donde la ciencia y la tecnología no son la excepción. Si queremos más mujeres en estos espacios tenemos que empezar a garantizar un espacio mejor de desarrollo, donde la seguridad de ellas prime y para eso tenemos que repensar si queremos mujeres en espacios masculinizados o si queremos cambiar y democratizar esos espacios”, concluye Guerrero.

Te invitamos a revisar este video de la Red de Investigadoras.

¿Quieres saber más? Revisa las políticas de género de Conicyt en el sitio web de la Red de Investigadoras.